Mi segundo parto – El nacimiento de Gaia

Cada positivo, cada gestación, cada nacimiento, cada lactancia, cada hijo… son únicos. Aunque están fabricados por la misma mujer y el mismo hombre. Que, en realidad, no son los mismos, porque ya son familia y ya viven en otra etapa de sus vidas.

El positivo de la #petitagaia fue de risa, fue un zas! del Universo en toda regla. Justo cuando manifestábamos públicamente que solo íbamos a tener una hija… al cabo de dos semanas de malestar me decido hacer un test. Convencidos de que iba a salir negativo… ¿como voy a estar embarazada? ¡Si no tengo la menstruación, la #petitaarlet aún hace mucha teta! ¡Si podemos contar con una mano las veces que nos hemos “encontrado” en estos 20 meses! Fui a la farmacia y pedí el test más económico, el predictor. Y antes de clase de yoga… antes del minuto que dicen que debes esperar… estaban dos rallitas muy muy marcadas.

¡Uau! Mensaje de whattsapp a Medio Limón… podemos con todo! ¡Euforia! ¿Euforia? ¿Pero no estábamos convencidos de tener solo una? Pues no, no era el mensaje que le estábamos enviando al Universo.

La gestación fue plácida, agradable, y una gestación con otra peque muy activa que solo te permite pocos momentos de conexión con esta nueva alma. Pero que son momentos muy intensos y vivenciales. Aunque tenía la experiencia de otra gestación (totalmente diferente, la podeís leer aquí) el acompañamiento del Equip Mudra fue un regalo, por segunda vez, que iba a disfrutar. Pero de manera distinta, quería tranquilidad y conexión con Gaia, y ellas (Paloma y Marga) me permitieron una gestación a mi ritmo. Si, es verdad, no pude asistir a tantas clases pre-parto como me gustaría, pero a cambio, hicimos rituales en familia para recibir a Gaia y despedir la etapa de hija única de Arlet. Un regalo, sin duda.

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Gaia escogió su nombre, escogió cuando tenía que nacer y hasta cuando me tenía que preparar yo para recibirla. Tuve 20 días de pre-parto, contracciones que empezaban después de cenar y que acababan hacia las 2 de la madrugada. Y al día siguiente al ritmo de Arlet, fue agotador. Aun así, nunca acabamos de llamar a las matronas. Estaba segura de que un día tendría la certeza de que sí que era el día elegido, y con paciencia así fue!

A la semana 41+1 empezaron las contracciones a la misma hora de siempre. Ese día, Arlet no quería dormir, y o necesitaba que lo hiciera porque eran muy intensas. Hacia las 12 de la noche se durmió y entonces empezó el baile. Me retiré con mi pareja a otra habitación al lado, con la pelota. Allí poco a poco las contracciones fueron aumentando y sobre la 1 pedí que llamara a las matronas.

Lo que fue pasando a partir de este momento son flashes míos y cosas que me han contado mi pareja, las matronas y acompañantes ya que entré en un estado salvaje del que pocas cosas recuerdo… Me dolía mucho, muchísimo y Paloma ya estaba allí. Me entendía, y me cuidaba, yo simplemente notaba su energía.

Me propuso hacer una bañera con agua calentita; y aunque no soy nada acuática me dolía tanto que acepté. Una de las cosas que quería vivir en este parto era hacer más llevadero el dolor, aunque no sabía que en este parto tan rápido el dolor sería tan fuerte… hora corta dicen… Y no lo conseguí.

Cuando entré en la bañera grité y grité. Era lo que necesitaba. Abrirme, gritar (¡hasta pedir que me llevaran al hospital!). Las manos de Marga que me acariciaban y me transmitian tranquilidad a mi lado; la presencia de Paloma; la energía de Laura y la fuerza de Marta me acompañaban. Y esta vez necesitaba a tod@s.

Y dentro de la bañera, cuando a mi me parecían horas y horas, o más bien había perdido la noción del tiempo… Marga dijo: “se ve la cabeza!” y seguidamente: “Ui ya ha salido!” Y yo solo notaba el fuego y las ganas de empujar a Gaia hacia la vida, tan rápido que de golpe ya estaba entre nosotros. A las 4.08, salvaje e intensa!

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Marga le sacó una vuelta de cordón, tan rápido que ni me di cuenta y la pude estar abrazando. Y enseguida, cuidándonos, nos prepararon una cama calentita donde pudimos estar abrazados los tres tanto tiempo como quisimos.

Una de las cosas que más disfruté fue los cuidados de Marga y Paloma. Sentirme mimada en un momento tan mágico, tan cuidada antes, durante el parto y después. Sin desgarro, con la placenta fuera que pudimos observar y guardar, todo con un ritmo pausado y con mi preciosa Gaia desnuda encima mío. En casa, tranquilos, a nuestro ritmo.

Después de dormir un poco, Arlet se despertó (había dormido durante tooodo el parto!) y mi pareja la trajo a conocer a su hermana. Fue tan mágico que no tengo palabras para describir el momento, simplemente fue nuestro y único.

Y des de entonces no nos hemos separado, Gaia tiene ya dos meses y tengo ganas de escribir como ha sido el post-parto siendo #bimama (¡pronto!)!

Tengo que dar las GRACIAS a tod@s l@s que participaron en el #partkami ya que disfrutar de un parto en casa (y siendo un segundo lo valoro aún más) es la experiencia que más agradezco de mi vida.

Y GRACIAS  l’Equip Mudra, por simplemente cruzarse en nuestro camino un día, y formar parte de el nacimiento de mis dos hijas. Y a Laura y Marta por SER y por ESTAR. Y a mi pareja, por CREER y confiar. Y en Gaia y Arlet por elegirme como madre. GRACIAS!

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